Los resultados electorales del pasado fin de semana en Colombia dejaron un cierto sabor de esperanza.

En un país anegado en sangre y dolor, en donde la gente se acostumbró a aceptar la tragedia como algo natural y en donde el electorado, escaso como siempre, se acostumbró a elegir a los peores, a los más corruptos, a los más dañados de entre todos los políticos que pululan por aquí, lo acontecido el domingo pasado es medianamente esperanzador.

En Bogotá ganó por aplastante mayoría el candidato del Polo Democrático, Samuel Moreno Rojas. Es el hecho más importante, porque es la capital, porque la alcaldía de Bogotá siempre ha sido considerado como el cargo más importante después de la presidencia, porque en Bogotá se juegan cosas claves para el país. Me alegra no tanto por Samuel Moreno, que de izquierda no tiene nada, pero nada, y que todavía es capaz de reivindicar la figura de su abuelo (un dictador de ultraderecha que gobernó en Colombia a mediados del siglo veinte); sino por el Polo Democrático, que tampoco es que tenga mucho de izquierda – más bien casi nada – pero “algo es algo”. Pero por lo que más me alegra es porque significó un ladrillazo en la cabeza para Uribe y el uribismo, que hicieron cuanto les fue posible para impedir un segundo periodo del Polo Democrático en la alcaldía de Bogotá y tenían sus esperanzas puestas en Enrique Peñalosa. Uribe intervino en política la semana previa a las elecciones, dijo que Samuel era el candidato de las “Far” y otras tonterías. El presidente que ha ganado dos veces gracias a la compra de votos y al constreñimiento de los electores a punta de fusil paramilitar, acusó a Samuel Moreno de “comprador de votos”. ¡Vaya!

En medellín ganó Alonso Salazar. Venció a un clientelista y corrupto exalcalde que estuvo a punto de recuperar la vaca lechera para los partidos de la política tradicional. Y en algunas regiones de la costa atlántica, ese imperio del mal gobernado por los paras (para lectores extranjeros, los paras son mafiosos narcotraficantes escondidos bajo la bandera de la lucha contra el comunismo, que arrasaron con este país en los últimos veinte años), gente que no es de ellos ganó en las elecciones. No es que ganara gente buena, con propuestas programáticas serias o compromisos éticos pulquérrimos y diamantinos, pero “algo es algo”, al menos no son miembros de la mafia, como la mayoría de alcaldes y gobernadores elegidos la vez anterior. Y hubo una vigilancia cercana de valientes ONG y otros sectores independientes, quienes ayudaron a reducir la presión de las “fuerzas oscuras” sobre el electorado.

El uribismo triunfó en muchos lugares nuevamente, pero también recibió sendos palazos en sitios neurálgicos y eso hace pensar que este país podría recobrar la seriedad, de cara a la elección presidencial de 2010, en donde el uribismo quiere otra vez hacer elegir a su héroe de telenovela.

Para destacar, el cubrimiento el día de elecciones por parte de Caracol Radio y Caracol TV. El primero tuvo en la mesa a la analista Claudia López, una de las principales investigadoras de la parapolítica, valiente, que llama a las cosas por su nombre, sin detenerse a analizar lo que es “políticamente correcto” en este país. Caracol TV puso en la mesa de análisis a la gente de la Corporación Arco Iris, también muy comprometidos en las denuncias contra la parapolítica y quienes ayudaron a entender lo que se jugaba este fin de semana en Colombia. De RCN mejor no hablemos.


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Publicado a las: 8:29 am

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